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viernes, 28 de noviembre de 2014

El delito (La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog:

Esta novela corta de Vicente se editará, por entregas, en cinco capítulos, en días consecutivos, si en el intermedio no hubiera noticias relevantes de ataxia cuya emisión no admita dilación. Sí, también, para romper dicha perioricidad, podrían surgir cuestiones de fuerza mayor, como fallos de hardware, software... o mi "salud-ware" :-) , que es peor.

Para que nadie pueda perder el hilo de la novela, cada día, se hará constar la dirección web de los capítulos editados con anterioridad... Más aún: el último día se dará un enlace al archivo ".doc" original de la novela entera... tal y como lo dejó Vicente antes de morir... y que, por cierto, no firma con su nombre y apellidos, sino con su pseudónimo: "Segismundo".

1- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (0- Las cosas).
2- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (1- Unión tenaz).
3- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (2- Dos personas).
4- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (3- Primeros encuentros)
.

La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (4- El delito):

"Como al llenar un recipiente gota a gota,
hay una gota final que lo hace desbordar,
del mismo modo, en una serie de gentilezas
hay una final que acelera los latidos del corazón
.
( ... en Farenheit 451 ... Ray Bradbury).

El investigador más joven e inexperto fue elegido investigador-jefe del fenómeno. Pasaron dos meses desde el incidente del hospital. Allí se manifestó la unión tenaz, y el doctor se encargó de la explosión que redujo a ceniza las pruebas. El de las gafas redondas hizo simulaciones de ordenador y usó la inteligencia artificial con los pocos datos que tenía, y concluyó en que el sexo, la agresividad y unas condiciones específicas estaban relacionadas. Sin tener muy clara la hipótesis inicial de trabajo, se preguntaba qué pasaría si a un hombre desnutrido y deshidratado se le ponía sólo a su acceso algo de alcohol. Pensó en el casquete rosa, y quién se prestaría a semejante experimento.

¿Quién inventó la ley? ¿Quién es el culpable: el transgresor o el perjudicado?.

- Repasemos el plan -se dirigió autoritario a los cinco jóvenes que esperaban que se les mandara algo- En el cambio de guardia, sólo habrá uno. Vosotros tres simularéis la pelea... y vosotras dos entraréis en el almacén, y cogeréis el libro en el menor tiempo posible, según el plano. Yo os esperaré en el furgón. Recordad, no matéis al guardia.
- Lo hemos repasado mil veces ya... -dijo la chica morena (bueno, la otra también era morena), de los ojos negros (la otra joven también tenía los ojos negros) y los cabellos brillantes en melena que desembocaba en unos formidables hombros, que delataban un cuerpo esbelto de aspirante a soldado (eso sí, la otra llevaba el pelo corto, muy corto), se puso en pie, y empezó a caminar nerviosa en el cuarto viejo, alrededor de un líder serio y calculador.
- Pero no quiero muertos, bajo ningún concepto. -comentó el de pelo corto rubio, cuya altura y potencia, eran la causa aparente de su supremacía sobre los cuatro jóvenes que el estado no quiso emplear, como a él.

Todos eran como dioses del Olimpo, que sin trabajo, se dedicaban a la cultura.
El joven más viejo no tenía más de veinticuatro años, y la joven más joven, también.
- Da igual, nos van a condenar igual si nos cogen... -dijo la del pelo corto en un arrebato de inteligencia.
- Bueno... la ley mata, nosotros no -sentenció el líder, zanjando el asunto.
Y los cinco partieron, cada cual por su sitio. Se reunirían en el bosque de asfalto: así lo llamaban porque su paisaje estaba repleto de cientos de edificios abandonados... no sólo por la gente, sino por la vida: Era difícil hallar algo viviente en tierra firme. En los mares, en las profundidades abisales, era sencillo, porque estaban llenos de vida y oscuridad.
El sol dañino y agobiante moría, y daba paso a la hora del paseo... la única que el sol no aplastaba y el frío no hacía témpanos en el horizonte. La única hora del cambio de guardia del almacén de tesoros estatales.

Los personajes iban a robar un libro para su biblioteca, clandestina y subterránea, por supuesto. Pocos leían porque se perdieron los libros. Algunos recopilaban los casi ochenta volúmenes de una colección de lo más variopinta y surtida: desde novela romántica, hasta un tratado de química orgánica. Había un libro grande y bien conservado de historia del arte; pero estaba en portugués.
Se dedicaban todos a la ciencia, y nada despejaron para la imaginación. No había libros, y por eso eran tan apreciados. Ahora, los humanos van a robar un libro al estado.

Todo sucedió rápido. Un furgón eléctrico en el que viajaban cinco personas jóvenes, aparcó cerca del almacén gris, tras unos arbustos sintéticos decolorados por el tiempo. El almacén estaba situado en el interior de una antigua fábrica de yeso abandonada en las afueras de la ciudad. Había en la entrada vieja barroca dos soldados inmóviles con los fusiles dispuestos. El uniforme gris y las gafas de sol negras, les hacía más temibles y poderosos. Sus mascarillas plásticas brillaban en los achaques de un sol agonizante que preludiaba la noche. Uno de los guardias dijo algo, y se fue.
Quedó desprotejida la estancia. Saltaron cuatro personas por la puerta trasera del vehículo rojo. Uno perseguía al otro, y le gritaba en descontrolada violencia:
- ¡Cabrón!
- ¡Razona un poco...!
Los dos jóvenes se dispusieron a interpretar una escena de Fellini, como un italiano en un ataque de celos pasionales
- ¿Por qué tuvo que ser ella?
Los dos en loca carrera, se aproximaron al guarda, que empezaba a no saber qué hacer: Si seguir en su puesto, o abandonarlo para  separarlos. Una confusión de gritos, cuchillos, y tensión solidificaba el ambiente cuando el soldado se disponía a intervenir, colocándose entre ellos.
- ¡Quietos, os vais a hacer daño...!

En ese momento las dos mujeres avanzaron en silencio y, aprovechando la escasa atención del guardia sobre las formidables puertas metálicas, se internaron en el vetusto edificio.
En movimientos pausados según el plano memorizado al mínimo detalle, atravesaron primero una enorme estancia en penumbra con máquinaria incomprensible. Muy sucia pero sin telarañas. Las mascarillas cambiaban de color para disponer de alguna sensación de hedor o de perfume, desde lo más oscuro, a lo más brillante. Todo era hediondo a juzgar por el color negruzco que tomaron los filtros plásticos. Estas sensaciones, que tenían prohibidas los humanos, siempre habían sido importantes en la continuidad de la especie, ya que siempre han regulado buena parte del apareamiento.

La estancia era enorme, y llena recovecos. No obstante, ellas se movían con sabiduría y agilidad gracias al plano que el hermano Rai había dibujado y a su exacta descripción.

Senda y Cali, sobrecogidas por la visión, encontraron una hilera de bloques rectangulares, que semejaban cajas de madera. Examinaron una a una minuciosamente; cada una de ellas contenía una urna de vidrio en la que se distinguía el contorno de un objeto. Las chicas abrían las cajas lentamente para no saltar la alarma de los tesoros. El libro, según el plano, se hallaba en la cuarta caja, pero había que mirar cada una por si lo habían cambiado. Se encontraron con un collar de diamantes en un cuello de terciopelo negro y que latía en una luminosidad que sólo el diamante ofrece... con unos lingotes de oro... y con un lingote de platino de un metro de largo exactamente, que representaba al padre del sistema decimal... y el libro. Las chicas sonrieron, y Cali (la del pelo corto) propinó una patada fuerte a la urna que contenía un libro. Mientras, Senda cogió el libro, y las dos corrieron como si les persiguiera el diablo.

El tiempo previsto para que llegara el guardia del tesoro alertado y el de ellas, que tardarían en salir, era el mismo... pero no se cruzaban, y el guardia no podía abandonar las inmediaciones de su puesto. No serían vistos gracias a los setos artificiales.
Vicente Sáez Vallés
Sin embargo, el líder, o mentor, había olvidado un pequeño detalle, que a la postre sería definitivo... fatal: Los captores de vídeo de los cascos de los soldados, funcionaban con infrarrojos y termografías que esclarecían la oscuridad y los tejidos de los setos sintéticos. Fácilmente se supo de quienes se trataba. Y, a los pocos kilómetros, cuatro automóviles de la guardia civil bloquearon el asfalto de la carretera. Y, sin siquiera un disparo, detuvieron al furgón rojo y a sus cinco ocupantes para ser procesados.

El título del libro que el estado recuperó era “Narraciones extraordinarias”, de Edgar Allan Poe.

(Continuará mañana).

Nota segunda del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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jueves, 27 de noviembre de 2014

Primeros encuentros (La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog:

Esta novela corta de Vicente se editará, por entregas, en cinco capítulos, en días consecutivos, si en el intermedio no hubiera noticias relevantes de ataxia cuya emisión no admita dilación. Sí, también, para romper dicha perioricidad, podrían surgir cuestiones de fuerza mayor, como fallos de hardware, software... o mi "salud-ware" :-) , que es peor.

Para que nadie pueda perder el hilo de la novela, cada día, se hará constar la dirección web de los capítulos editados con anterioridad... Más aún: el último día se dará un enlace al archivo ".doc" original de la novela entera... tal y como lo dejó Vicente antes de morir... y que, por cierto, no firma con su nombre y apellidos, sino con su pseudónimo: "Segismundo".

1- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (0- Las cosas).
2- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (1- Unión tenaz).
3- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (2- Dos personas)


La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (3- Primeros encuentros):

"Las hierbas salvajes avanzaban;
penetraban como tirabuzones en las paredes...
Una vez desvanecidas las paredes,
la desolación continuaba,
la desolación era lo único que quedaba (...)"

(Philip K. Dick).

Se sacudió el periódico-sábana para centrarse en la página de sucesos. "¡A ver si dicen algo...!".
Ella estaba segura de haber oído un breve estampido antes de que los estudiantes del piso de abajo hubieran desaparecido hacía siete días ya.
Los mejores sistemas de información y control del barrio, el supermercado, no habían funcionado como hubiera sido de esperar, y se habían limitado a elaborar una breve efemérides de los hechos acaecidos, junto con un historial completo de los dos jóvenes.
Pero ella había oído "algo", y, sin embargo, no lo escuchó en ningún rumor de los compañeros de la compra cotidiana...

Él entró en el cuarto y sin saludar, desabrochó el último botón que le quedaba sin desabrochar de la bata rosa de "irporcasa". Acto seguido, comenzó a acariciar los pechos, prominentes y blancos, de Ella. Los estrujaba con pasión y Ella, ni se inmutaba. El comenzó a emitir falsos suspiros de placer deseando “comenzar la función”, pero Ella apartó su boca de las inmediaciones de la mascarilla que cubría el rostro arrugado de su marido con aparente escepticismo de desconcentración.
- Mujer fría...
Ella apartó la prensa de un golpe sobre la mesa bronceada. Parecía enfadada por no encontrar lo que le diera coherencia a su alucinación.

- No te comprendo, pareces obsesionada en lo del vecino. En la prensa no creo que digan nada...
Ella miraba al vacío... No escuchaba.
El marido la miró deseoso de confirmar lo ya tantas veces pensado, y le preguntó si seguía enamorada de él.
Ella se frustró.
“Siempre lo mismo. En cuanto no estás a disposición de los demás, pierdes la amistad, los bienes, el amor. Cualquiera puede poner en entredicho las condiciones que una se marca en la vida. No sé lo que hubiera pasado si no me hubiera casado... No creo que fuera peor que esto...”.
El gris inundó aquel insólito cuarto de estar cuando él corrió las cortinas de su ventana. En ese instante de pudor, ella miró al suelo justo cuando se ataba la bata, y se dirigió a la ducha.

La maldita televisión seguía describiendo las muertes de la guerra, mientras se untaba las piernas con leche hidratante. Buscó las medias de agujeros. La batalla en América central había hecho necesario el uso de cabezales nucleares.
"Tomaría café con su amiga, pensó, y le sería infiel con unos soldados francesitos que calmaban su pasión, pero con los efectos más pasajeros".
Dudaba de la paciencia de él, y sólo quería que se hartase para acabar con ello de una vez por todas. Por eso se consideraba tan descarada.
Pero... ¿qué ocurrió en el piso de abajo...?.

El marido cantaba ópera en la ducha, y ella se fastidiaba a cada sílaba que escuchaba: Debía salir de su casa lo antes posible. Necesitaría estar con él, pero no podía ser: Estaba ocupado, muy ocupado con lo de la unión tenaz. Todo el mundo tenía en la cabeza la unión tenaz, todos menos mi marido... Así que iría a la cafetería, a por chicos, como en los viejos tiempos.

- No lo sé -la otra se quitó los mocos con un sofisticado tubo rosa que estaba dispuesto en el tejido plástico de su mascarilla transparente. Hacía frío en esa época del año, y nadie se imaginaba sin su honroso resfriado.
- Me pareció algo extraño. Un susurro, unas cosquillas, un suceso formidable...
- El qué... ¿Tu marido ha reaccionado?
- No, no...-estaba demasiado concentrada en lo que decía. Siempre buscaba las palabras exactas para favorecer la memoria de los demás. - Es como si hubieran dejado de existir...
- ¿Quién?
- ¡Eso es, cómo si dejaran de existir!
- ¿Pero quién hubiera dejado de existir? ¡Estás tonta!
- La pareja joven que vivía en el piso de abajo...
- ¿Aún estás con eso?

Las dos mujeres muy pintadas cruzaron sus miradas cómplices y encendieron sus cigarrillos en una coreografía de trámite: Sonreían aún a sabiendas de que se estaban despidiendo, una despedida triste.
La cafetería era luminosa. Todo brillaba demasiado. Nadie hablaba, pero había mucho ruido molesto, ruido de la cafetera escandalosa de sucedáneo de vapor. La actividad del camarero y el gris plomizo de la calle, hacían juego con el misterio de no pocos seres que entablaban luchas consigo mismos, ya que se habían separado mucho de los otros, en un proceso lento y paulatino. Era imposible retroceder, cuando veían lo que habían llegado a ser.

Partió pesadamente hacia el apartamento de su amante científico, bueno, todos eran científicos.

Las calles eran pequeñas, cortas, estrechas y oscuras. Frío y oscuridad. Ella apartó sus lágrimas de los ojos bonitos. Siempre que salía, lloraba por el viento, pero no se quejaba. Los edificios eran sombras obtusas. Moverse sería imposible de no haber hecho el camino mil veces. La mujer se ruborizaba al llegar a un sitio cerrado y secaba sus lágrimas en medio de un inhóspito consuelo y de las paredes plásticas en forma trapezoidal. La luz se adueñó del ambiente, aunque nadie hubiera adivinado su procedencia. La agilidad de los movimientos contorneantes de la mujer que despedía perfume y pasión. La misma estatura que el científico cansado. Un abrazo y un signo de posesión del uno al otro.

- ¿Cómo se ha enterado? -preguntó ella en un susurro agonizante.
- No lo sé. Ya sabes que la gente es mala... -él intentó encogerse hombros, pero no le pertenecían.- Ella no está, ni estará aquí. Se ha transtornado y enfadado tanto que me obligarán a dejar el trabajo... -Ella se apartó bruscamente con los ojos abiertos y se preocupó. La mascarilla se empañó de vapor triste.
- ¿Te van a echar por la puerta pequeña? -su rostro comenzó a palidecer y la famosa y vieja culpabilidad femenina afloraba y su cuerpo empezaba a transformarse en un tonto autómata.
- No. Antes dimitiré. -tomó aire o gas o lo que fuera aquello y mirando el pecho de su amante, habló con toda la frialdad que pudo recuperar en su estado de embriaguez. Ella adivinó que se estaba emborrachando, por el aliento y por un poco de disartria... y se excitaba al sentir su mirada incisiva, incontrolada, en sus propias formas femeninas.
- Los del centro de inteligencia -añadió-, y esto es información reservada, que no te debiera contar -rió bruscamente buscando su botella de brandy ante la compasión que se siente cuando un amigo desesperado se emborracha y dice la verdad, la única verdad-, me han encomendado dirigir la investigación de la unión tenaz, ya que se sabe poco de ella. Es un cargo muy rebuscado y los científicos, todos son científicos, somos muy competitivos. Por eso han hecho público lo nuestro, para quitarse un obstáculo de en medio, y, de paso, joderme.
- ¿Por qué? -sollozó confundida.
- Ya sabes, las mujeres podéis poner cuernos, los hombres no.

Ella volvió a abrazarse a él como en las telenovelas. Él la agarró por los hombros, y le habló a los hombros también, como en las telenovelas:
- Ahora, debes irte, he pensar alguna solución, y he de estar solo.

Con los ojos vidriosos dio media vuelta y retornó al frío de la calle. Reconoció que le hubiera apetecido haber hecho el amor con él, pero también reconoció que, con tanto lloro, había gozado lo suficiente. Además, disimularía los lloros al contactar con el aire y el frío. Ahora, el cielo anaranjado daba más luz al haber más frío, más hielo y menos vapor de agua en el aire.
La cosa no estaba para pasear sin ton ni son, porque se congelaría, sin duda. Antes de volver a la tortura doméstica, quiso ordenar sus ideas en un ambiente más humano, aunque ella seguía en fase autómata.

Volvería al local amarilllo de la cafetería para desahogar su tristeza de que él estuviera sufriendo. Se sentó bebiendo cerveza sin alcohol -lo más fuerte que ella podría soportar- y miró a su amiga como si no la conociera, ya que un soldado francés le acariciaba el muslo con pasión y por debajo de la media.

Había traicionado al estado, y eso no le preocupaba. Le preocupaba, y poco, que le cogieran. Fue a tomar una copichuela en el café cuando empezaba el frío glacial, el cielo rosado y resplandeciente:
“¿Me han descubierto ya? ¿me han seguido? Creo que al haber tardado tanto en el almacén dibujando el plano para Senda... La preciosa Senda; la quiero con locura. Ellos sí que están locos, darían su vida por un libro... Yo por ella...”.
El hombrecillo penetró en el café. Era un humilde trabajador de transportes para el estado. Sabía que en cualquier momento le cogerían e intentarían castigarle, pero con una vez que estuvo en el casquete público con Senda, la chica de extrarradio o de los jóvenes locos, le bastaba.

El sonoro frío de la calle oscura, se escapó del mundo, y la mujer de las medias de agujeros se acomodó en su lugar del café pensando en su amante.
Se escuchó un sonido de ventisca, y el ambiente polar penetró sin permiso cuando una pareja de soldados abrió la puerta y sacudieron las piedrecitas de hielo adheridas a sus poderosos hombros y brazos. Sus zancadas eran potentes y largas, haciendo tambalear el café entero. Sus cuerpos eran estatuas de granito de dos metros. Eran de pelo corto, rubios, extranjeros. Cada cual portaba un fusil negro, amenazador, brillante y pesado; parecían humeantes: a nadie les extrañó. Iban ataviados con monos grises de textura térmica, hermética, brillantes y casi metálica. Los dos llevaban sus casquetes de vídeo como todos los soldados: dos bonetes blancos sujetos con correas negras a las mandíbulas y que llevaban un minúsculo captor de vídeo conectado a los ordenadores centrales, eran dos apéndices más del aparato estatal... eran dos ojillos, unos pocos milímetros cúbicos de cuarzo y silicio ordenados, pero que ejecutaban la ley de la guerra.
Parecían dos caballeros medievales que, con arrogancia excesiva, paseaban en la cafetería examinando el rostro de los clientes... pero las perfectas arrugas de las articulaciones, les daban la apariencia de astronautas, o algo así. Sus pasos estaban coordinados en avance militar. Parecían querer distanciarse de los demás, convencerse de ser más importantes. Sin embargo, sus mascarillas de aire, seguían cubriendo su rostro; transparentes, plásticas, como las de todas las personas. Todos estaban acostumbrados a no tener intimidad, a esa malvada indiscreción de los soldados que tenían permiso estatal para pedir los documentos a quién les diera la gana.

Ella miraba absorta los movimientos bruscos de los soldados que maltrataban a todo el mundo: los manejaban como si fueran alfombras llenas de polvo. Colocaban a la gente contra la pared, les cacheaban, les insultaban, y sacudían: Sin duda, buscaban algún sospechoso de espionaje, o perjurio, o algo así.
Las demás personas, ni se inmutaban: seguían sorbiendo sus bebidas de sucedáneos de café, o refrescos, o licores, a través de unos tubos transparentes que conectaban sus mascarillas plásticas.
Tuvo que reconocer que esos movimientos masculinos le excitaban. Los soldados eran tigres de esa jungla que abordaban el espacio de los demás gracias a su implacable fuerza y a su uniforme, pero llevaban mascarillas plásticas para regenerar el aire como todos los humanos.

- Me encantaría irme con ellos... -dijo la amiga al oído, con las pupilas engrandecidas.
- ¿Te gustan? -preguntó la mujer saboreando un sorbo de café frío.
- Mucho...
La amiga le dio a esa palabra el tono más sensual que pudo.
- Pues a mí, me parecen demasiado grandes... -supo que mentía a su amiga, porque debajo de la mesa gris, juntó con fuerza los muslos debido a la gran excitación que tenía.
- Es que tú eres grande... ¡Pero es placentero no poder abarcar con tus brazos el contorno de su pecho.... que apenas puedas oponer resistencia, porque su fuerza es brutal... que te desnuden sin esfuerzo... que los músculos sean duros... muy duros, cuando tienen que ser duros, y algodones cuando han de ser tiernos!.
- ¡Eres una salida...! -sentenció la mujer.

Los soldados habían localizado a un sospechoso: un traidor, infiltrado por el almacén de tesoros del estado y con contactos con otros traidores. Por eso se sensibilizaron los guardias. Uno de ellos, con rostro duro e inflexible, le pidió los documentos a aquel hombrecillo de traje negro viejo.
Su calva apenas asomaba a los hombros del joven guerrero y, entre tembleques y sobresaltos, negaba con la cabeza con miedo y sumisión. El soldado le propinó un fuerte puñetazo en la boca del estómago. Todo el mundo en el bar escuchó los lamentos del hombre indefenso.
Las dos mujeres, llevaron sus manos a las mascarillas, y el silencio y la tensión se adueñaron de la reunión.
Pero el viejo se transformó: En un instante, rebosante de sorpresa y alucinación, pareció que el cuerpo del hombrecillo se rebeló en una mueca salvaje y ante la humillación del dolor causado por la autoridad. El viejo, con las manos que atenazaban el estómago, en el último movimiento dio un salto y gritando con furia unas pocas vocales incoherentes, le arrancó de cuajo la mascarilla plástica transparente acoplada a la cara del soldado agresor... y, en menos del tiempo de llevarse las manos a la garganta, éste se desplomó al suelo, con la piel del rostro áspera y pálida, y los ojos en el espasmo de la muerte: Había respirado el aire viciado, que nadie debía respirar sin el filtro vital, la máscara transparente.
La reacción refleja del otro soldado fue disparar el ametrallador, y encajar dos docenas de balas en el cuerpo del hombrecillo. Todo quedó salpicado con su sangre. Todavía estuvo de pie un segundo, lo justo para sonreír, arrancarse la mascarilla con las uñas, y besarle en la boca (el peor insulto para un guardia), era la primera vez en su vida que tocaba sus labios: tuvo lugar la unión tenaz: Por ello, todo explotó, y hubo mucha luz. Un tremendo estampido seco se oyó varios kilómetros a la redonda: Varias personas que estaban en esa cafetería fueron despedidos por la onda expansiva.


Las siete de la mañana, y el científico jefe acariciaba su mascarilla como si estuviera agotado de tanto pensar. Estaba sentado en una silla blanca y mullida, con las piernas cruzadas y con la bata blanca arrugada. Sobre la mesa brillante, medio vaso de café puro negro con tubo corto y miles de papeles desordenados. La puerta del laboratorio se abrió automáticamente. y penetraron silenciosos y expectantes los seis científicos elegidos para estudiar la unión tenaz.

- Buenos días... -exclamó el jefe, de mala gana, mientras sus colegas acababan de sentarse alrededor de la mesa rectangular que el jefe presidía.
- ¿Es cierto que va a dimitir? -preguntó pausado el de la barba pelirroja.
- Me temo que sí.
Los doctores murmuraron entre sí. Esperaban las explicaciones de su autoridad puesto que se habían quedado totalmente huérfanos. No obstante, el director de investigaciones estaba despeinado de tanto frotar sus cabellos: había puesto toda su preocupación en varias horas y todo su trabajo en el ordenador.
- Pero... -un investigador, de atentos ojos minúsculos, quiso poner excesivo entusiasmo en su discurso al verter su rabia e impotencia en palabras rebuscadas- ¿cuáles van a ser las líneas directrices de la importante investigación que tenemos entre manos? ¿Qué ha ocurrido exactamente? ¿Cómo para depender de otros jefes, ahora que llegábamos a una buena metodología?.
El jefe le observó con los ojos colorados. Se imaginó esa pregunta y mil formas de contestarla. Tragó saliva.
- Cómo sabrán ya, ayer en el centro de la ciudad tuvo lugar el fenómeno. Tuvimos suerte, ya que fue grabado en vídeo por la cámara del casco de uno de nuestros soldados que detuvo a un espía del estado enemigo. Tal información fue analizada por el ordenador central, concluyendo que se trataba de una poderosa arma que no ha sido utilizada. Nuestro servicio de contraespionaje ya ha sido alertado, y van a trabajar en ello. Nuestra misión de asesoramiento ha concluido aquí.
Se armó revuelo.Y el director del equipo no puso orden.

- ¿Pero por qué va a dimitir ahora?
- ¡Tenemos derecho a saberlo!
El jefe se puso en pie y les dijo en tono de desafío:
- Es mi deseo reservarme esa contestación debido a su alto contenido personal. Además, pronto sabrán los rumores de mi cese.

El hombre, vestido con un mono negro de algodón, leyó las instrucciones del código por huellas digitales que daba paso a la planta de hospital dónde estaba internada la testigo doble del fenómeno. La estancia de paredes de acero se iluminó de verde tras colocar la palma de la mano abierta sobre una superficie gris metal que había en un banco de cemento barnizado. Un ruido de algo pesado se adueñó de las posibles estancias, y una pared se abrió: en un catre blanco brillante estaba la mujer de la cafetería: Su amante que se llama María y tenía veintiséis años.
Siempre quiso saber esos datos, pero no los tuvo a su alcance hasta no ver los papeles de su historial médico. Su cuerpo estaba desnudo y lleno de innumerables heridas y moretones. Era grande, hermosa, pero el hombre sintió piedad en medio de su pesadumbre. Le habló con dulzura mientras se desnudaba:

- No sé si puedes oírme, pero nuestro fin está cerca. Estaba encargado de dirigir la investigación sobre la unión tenaz, como ya sabes...
- Es cómo si hubieran dejado de existir... -dijo la mujer en esa perfecta sala de hospital, mientras se incorporaba con dificultad y desdén, hablando a golpes.
La habitación estaba climatizada y su aspecto metálico (estaba equipada con los mejores sistemas de control de salud), no sorprendió al hombre que se hallaba desnudo y familiarizado con los aparatos. Acarició el suave cabello rubio de la mujer en un comportamiento muy meditado:
- ¿Sabes? No ha habido ningún superviviente más de la explosión en la cafetería. Los videos captaron tu imagen en el bar, por eso quieren destruirte. Saben que escuchaste una explosión, y que has visto otra. He decidido poner fin a esto.
- Lo que tu quieras, cariño...
La mujer adoptó una expresión de felicidad, relajada. El hombre se tumbó junto a ella, sonrió y contuvo el aire que inhaló. Arrancó la mascarilla de su cara con un fuerte tirón, como si de un esparadrapo se tratara. Acto seguido arrancó la de la mujer. Suavemente, antes de morir, posó sus labios rectos sobre los labios carnosos de ella. Se oyó una explosión.

Vicente Sáez Vallés
Fue algo rápido. Un proceso de cambio material, tan brusco, que despidió la energía suficiente como para acabar con las dependencias del hospital más inteligente que creó la raza humana. Primero se unieron los fluidos y tejidos de los cuerpos de la mujer y del doctor. Seguidamente, mucha luz blanca, morada y roja (los extremos del espectro visible), y calor emanaron del centro del plasma y, al contactar con el aire, un sordo y prolongado sonido envolvió la sala de cuidados intensivos, para extenderse por los enormes corredores de acero y hormigón. Pero desde esa protomateria humana anaranjada e incandescente, una espiral invisible, nació y murió al mismo tiempo. En esa inexplicable masa sólo transcurrió un instante maravilloso.

(Continuará mañana).

Nota segunda del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Dos personas (La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog:

Esta novela corta de Vicente se editará, por entregas, en cinco capítulos, en días consecutivos, si en el intermedio no hubiera noticias relevantes de ataxia cuya emisión no admita dilación. Sí, también, para romper dicha perioricidad, podrían surgir cuestiones de fuerza mayor, como fallos de hardware, software... o mi "salud-ware" :-) , que es peor.

Para que nadie pueda perder el hilo de la novela, cada día, se hará constar la dirección web de los capítulos editados con anterioridad... Más aún: el último día se dará un enlace al archivo ".doc" original de la novela entera... tal y como lo dejó Vicente antes de morir... y que, por cierto, no firma con su nombre y apellidos, sino con su pseudónimo: "Segismundo".

1- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (0- Las cosas).
2- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (1- Unión tenaz)


La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (2- Dos personas):

El inconciente es el discurso del otro".
(Jaques Lacan).

¿Por qué nadie se atrevía a quitarse la mascarilla solo? ¿Por qué nadie se suicidaba?
En la historia de antes, había muchos suicidios, pero en el momento en que la muerte era más sencilla, nadie quiso quitarse la máscara, el filtro vital.
Bueno, había accidentes, asesinatos... No obstante, siempre hicieron falta dos, alguien que le quitara la mascarilla transparente al otro. Por eso, era más frecuente entre los amantes. Las condiciones eran muy especiales: sólo surgía el fenómeno de la unión tenaz cuando dos personas se besaban... ése fue el reto de la ciencia entera, ya que se le atribuía a la psicología como un comportamiento ritual, aprendido, que predispone a los dos sujetos a satisfacer una necesidad. O sea, el beso es como el uso de un tenedor de pescado, ya que es un rito para comer.

¿Qué ha sido un beso? Mejor: ¿qué es un beso? ¿Por qué nos ruboriza hablar del beso? ¿Por qué se ríen los niños? Ésas son preguntas de siempre...
Parecen preguntas tontas de calendario, o de postal cursi, pero solemos dar por supuesto que no sabemos lo que es. Aquí se puede acariciar, se puede fornicar, se puede arañar, se puede desnudar, pero no se puede besar: Porque, si se besa, transcurre la unión tenaz, y se desaparece. Nadie supo por que el aire se volvió venenoso, al quitarse la mascarilla, los alvéolos explotaban... y solía haber una explosión mayor. Obviamente, se hallaban restos orgánicos, pero si se besaba, apenas quedaba nada de la pareja.

El beso estaba prohibido, y lo prohibido atrae con fuerza a la gente... y en especial a los pobres y los jóvenes que lo pasaban mal:
- ¿Tienes pelas para ir al casquete?
- Sólo una moneda.
- ¡Vaya! Pues... ¿qué hacemos?
¡Qué decepción! Sin besos es más difícil saber lo que se necesita.

Hay una pared de plástico, la frontera triangular. Tan impenetrable como los motivos de su implante por cirugía menor. Cubría desde los pómulos hasta la profundidad de las fosas nasales, tocando el lóbulo frontal. Casi azulado, casi transparente. Las modas cambiaron desde seis meses del fenómeno: ahora había cientos de modelos de mascarillas.

Vicente Sáez Vallés
Había lugares para besar. “Casquetes rosas” los llamaban. Pagabas algo, y entrabas en un casquete donde podías quitarte la máscara sin peligro. Sólo en los lugares herméticos se podía uno quitar la mascarilla... en los casquetes públicos, o en casquetes de la gente pudiente, con jacuzzi y todo. En esos extraños lugares, las parejas se desnudaban, bebían champán, se acariciaban, hacían el amor, pero no se besaban, estaba prohibido.

(Continuará mañana).

Nota segunda del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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martes, 25 de noviembre de 2014

Unión tenaz, (La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog:

Esta novela corta de Vicente se editará, por entregas, en cinco capítulos, en días consecutivos, si en el intermedio no hubiera noticias relevantes de ataxia cuya emisión no admita dilación. Sí, también, para romper dicha perioricidad, podrían surgir cuestiones de fuerza mayor, como fallos de hardware, software... o mi "salud-ware" :-) , que es peor.

Para que nadie pueda perder el hilo de la novela, cada día, se hará constar la dirección web de los capítulos editados con anterioridad... Más aún: el último día se dará un enlace al archivo ".doc" original de la novela entera... tal y como lo dejo Vicente antes de morir... y que, por cierto, no firma con su nombre y apellidos, sino con su pseudónimo: "Segismundo".

1- La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (0- Las cosas)
.

La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (1- Unión tenaz):

En medio de los avatares de un día cualquiera, el guarda leía el mensaje tonto de una tarjeta navideña:
"Al principio, fue el amor..." (Platón).
No tuvo más que recordar el suceso maldito para comenzar a filosofar simultáneamente a hurgarse la nariz:
¿Qué es lo que se une en un beso?:
La piel.
¿Qué puede pasar si los seres humanos olvidamos que formamos parte de lo natural?:
Que nos separamos del otro. Que construimos una muralla cada vez más fuerte. Nos olvidamos de nuestros propios límites y nos construimos comportamientos en los que nos hemos de encoger.
Eso que despedaza el saber es la ciencia o el uso de la ciencia o el uso del saber despedazado: Así, el más temible enemigo de lo que escinde a lo natural, es un beso.

Luego, retiró las botas posadas sobre el escritorio de plástico como dos mundos, uno cruzado sobre el otro sostenidos por un Atlas agonizante. El mundo estaba lleno de guardias y soldados: Había más gente armada que civiles, pues tal era el control del estado. Lo más visto eran uniformes o trajes militares... las modas los emulaban: prendas ajustadas, colores fríos u oscuros o sufridos, botas duras y pesadas...
Pero los ejecutores de la justicia, las prolongaciones de la ley; mejor, los tentáculos de la ley, ya que los hombres siempre se han empeñado en que justicia y ley son la misma cosa... sigue siendo la bruta, por más que la inteligencia haya estado por encima de la fuerza física, hace siglos ya... ése de nivelar el ras de la justicia con la ley ha sido el empeño de mayor morbilidad de la historia de la gente.
Siempre que inventaban algún artilugio informático para controlar a la gente, se inventaba otro artilugio que neutralizaba al primero, y desestabilizaba al estado. Por eso, el poder había decretado una extraña ley marcial en los habitantes del planeta... sentían que era imposible la intimidad y dejar de hacer algo por el venerado consumo:
Mientras habitaban una pequeña colonia en la Luna y hacían pruebas nucleares en Marte, la mitad de la población se exponía al envenenamiento del aire viciado o a algún disparo que otro.

Un acontecer quebró la marcha natural de unos pocos hombres fuertes, que se aprovechan de muchos débiles. Fue la condensación de lo inexplicable... aquello por lo que todo el mundo construyó un millón de hipótesis distintas:
Y esa fue la gran unión. Todos sólo pudieron mirar un instante maldito. Los vientos de los tiempos fallaban y no escrutinaron: les sorprendió, y no pudieron albergar el mínimo de reacción. No investigaron, no estaban capacitados para entender esa unión desafiante. Los más viejos lo advertían, la ley decía que los hombres no hallarían jamás la fuerza, la única fuerza. Los magnates todavía se frotan las manos... no se lo creen, sin embargo hubo una gran unión, más fuerte que las religiones, más fuerte que el dinero, más fuerte que las pasiones, más fuerte que el amor, más fuerte que la biblioteca genética, más fuerte que la información, más fuerte que los dioses esperaron:
Sigue sin haber palabras para titular la mal llamada unión tenaz.
La afinidad atómica estaba seriamente amenazada, y así lo expresaban los científicos de la comunidad.

Era una sala con luz propia. Un tablero sin patas presidía la sala en la que estudiaban el fenómeno los hombres más eminentes: aquellos sabios que despedían la arrogancia del saber allá por donde se sentaran... y mucho más todos juntos en “la sala colgante”: Era la junta rectora de un departamento de inteligencia del estado.

- Esto debe ser extraterrestre... Nadie ha registrado jamás nada semejante.
- Habrá que informar a las autoridades, ellos lo comprobarán con los secretos que suelen archivar; tal y como son las visitas extraplanetarias.
- Mi informe hablaba de que no existía parangón alguno con las creencias de las culturas conocidas o desconocidas... Ni los hechiceros, ni brujos, ni alquimistas, ni el caos, ni el big-bang, ni el wu...
- ...Ni el psicoanálisis, ni las novelas románticas, ni la informática, ni la ingeniería genética...
- Yo le veo alguna relación con el apareamiento animal ya que simula un tipo de comportamiento destinado al proceso de fecundación de una hembra, únicamente...
- ¿Y la fecundación vegetal...? Allí se establece formalmente una fecundación gracias a la acción de un determinado agente intermediario como es el aire, los insectos...
- Señores, estamos divagando desde el principio. Ninguno de nosotros puede explicar científicamente la unión tenaz. Ya que no lo podemos fraccionar en hechos o datos más concretos, debemos seguir estudiando el fenómeno y las reacciones primarias, e informar de las posibilidades de que la población se vea afectada por este mal, o consecuencias afines. Mañana al mediodía saldrá anunciada, en el tablón de anuncios, la lista de los siete especialistas que preciso en esta labor. Se levanta la sesión...

El hombre, el máximo mandatario de la junta, presentó sus ojeras: no de trabajar demasiado, sino de no dormir; evidente falta de descanso ante la preocupación más molesta y que podría hundir su vida, aunque siempre soñara mantenerla a flote.
Su mujer se enteró de tenía una amante; con lo mala que es la infidelidad de los hombres... Si una mujer tiene varios hombres, si es poliándrica, no pasa nada; pero la poligamia... En algunos sitios era delito.
- Oiga, ¿se encuentra bien? -preguntó un hombrecillo pequeño, calvo y ladino, pero con gafas de concha enormes.
Deseaba hablar a señas evidentes, como gritos silenciosos, con las manos.
- Sí... Estaba distraído. ¿Qué quería? -dijo el mandamás.
- ¿Me permite una última pregunta, director?
- Sí, pero rápido por favor: Estoy agotado.

- En el informe D. 128-A, que pertenece a lo que hemos visto como fase B del contacto del puente, se describía la creación de unos capilares supuestamente sanguíneos, ya que servían como nutrientes al puente supuestamente orgánico y primordial...
- Esos son términos teóricos del computador. Como bien sabe, la fase D. del fracasado estudio, estaba totalmente informatizada, y usted posee los mismos datos que yo...
- En efecto, los he estudiado, y son escasos. Las conclusiones son que el fenómeno suele ocurrir en cuarenta y nueve billonésimas de segundo y que hay un puente orgánico entre los dos encéfalos... Pero hay una breve instancia de materia que parece latir antes de desintegrarse...
- ¡Precisamente es eso lo que investigamos...! -exclamó un subdirector de poblada barba negra, que le hacía invisible su mascarilla plástica triangular que cubría su nariz y su boca, y que contrastaba mucho con la blancura y excesiva pulcritud de ese perdido laboratorio secreto.

Vicente Sáez Vallés
Los dos discutieron afanosamente y se pusieron en pie abandonando con desdén su privilegiado asiento tapizado. Se enfrentaron mediante gestos difíciles: Se desató una algarada que rompió el silencio mantenido tanto tiempo. Los insultos denunciaban el nerviosismo acumulado y la impotencia de esos cuerpos débiles portadores de un saber ajeno, científico. El director, viejo, calvo, de expresión inmutable y rígida, dio un puñetazo en el tablero de la mesa colgante que nadie hubiera esperado:
- ¡Basta! Esto es fruto de la cantidad de tiempo que llevamos encerrados en la sala fría. Probablemente, estemos reunidos los cuarenta y nueve científicos más prestigiosos del planeta, y creo que, ante este acontecimiento, debemos ser civilizados para comunicarnos mejor.
- Resumiendo -añadió-, las dos condiciones descubiertas para que se produzca el fenómeno inexplicable, convergían en el extremo: Primero, que las dos personas estuvieran fisiológica y psicológicamente "enamoradas"... y la segunda era que la única materia o energía desprendida en el proceso y sensible a cualquier sensor ideado por el ser humano, era esa materia grosera, orgánica, sin definición posible...
- ¡Eso es lo que le pregunto! ¿Qué naturaleza contiene?
- Supuestamente, tejido nervioso; unas cuantas moléculas de alguna neurona rara, en el caso de que las personas implicadas se hubieran emborrachado alguna vez.

(Continuará mañana).

Nota segunda del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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lunes, 24 de noviembre de 2014

La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (Las cosas)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog:

Esta novela corta de Vicente se editará, por entregas, en cinco capítulos, en días consecutivos, si en el intermedio no hubiera noticias relevantes de ataxia cuya emisión no admita dilación. Sí, también, para romper dicha perioricidad, podrían surgir cuestiones de fuerza mayor, como fallos de hardware, software... o mi "salud-ware" :-) , que es peor.

Para que nadie pueda perder el hilo de la novela, cada día, se hara constar la dirección web de los capítulos editados con anterioridad... Más aún: el último día se dara un enlace al archivo ".doc" original de la novela entera... tal y como lo dejo Vicente antes de morir... y que, por cierto, no firma con su nombre y apellidos, sino con su pseudónimo: "Segismundo".

Finalmente, añado que hoy se edita el capítulo "0", cuya brevedad contrastará con la amplitud de los capítulos posteriores. En realidad, diríase que éste es una introducción a la novela corta
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La energía no se crea, ni se destruye, sólo se traslada (0- Las cosas):

"Los hombres son sólo trajes animados".
(René Descartes).

Y éste es el maldito escenario de los acontecimientos. Mira, son partículas, átomos, o gatos, da lo mismo. El caso es que hay cosas... cosas que se mueven, hábiles, ágiles, sinuosas, serpenteando la física, la ciencia, las preguntas.
Las cosas se mueven y chocan, despidiendo otras cosas. Pero ha de haber un espacio, un medio para que se muevan, y suele ser el aire... A veces, no es así, y es un vacío u otro, el agua o un vaso de leche desnatada: El caso es que el medio de las cosas de aquí estaba viciado, envenenado. Nadie controlaba el aire... pocos conocían ese veneno, lo que entraba en los pulmones y hacía estallar los alvéolos.
Un día, sin avisar ni nada, se acabó. La gente se ahogaba y se ponía azul. Se envenenaban al respirar. Pero. a veces, si la pareja en cuestión se besaba, no se ahogaba ni se ponía azul, simplemente desaparecía... sin más.... en una fracción ínfima.
Todos alucinaban mil explicaciones y manifestaciones del fenómeno ése que traía de cabeza a los millones de científicos de la tierra, ya que todo el mundo era científico... unos más que otros, pero científicos.

Primero, la gente se encerraba con máquinas que fabricaban el aire... el medio respirable que se difundía por burbujas que eran las viviendas de la gente. Los llamaban “casquetes”, lo que provocaba más de un chiste. Luego, salían con escafandras y, paulatinamente comprobaron que inmediatamente no afectaba a la piel, sólo al medio que se respiraba. Tenían que pasar varios minutos antes de que comenzaran a aparecer unas pústulas que acosaban con virulencia y  producían un intenso ardor, picor y escozor, al exponer la piel a la intemperie.
Sin embargo, si se unían los labios de dos personas en un beso, o en cursillo de socorrismo practicando el “boca a boca”, o al reanimar el sistema cardiorrespiratorio de un enfermo, se producía la mal llamada unión tenaz, porque era todo menos tenaz.

Vicente Sáez Vallés
En un instante oscuro y maldito, la gente dejaba de existir, algunos oían explosiones, veían una luz intensa, pero, nadie registró el fenómeno, y en los quince meses en que se manifestó, se formaron leyendas sobre la unión tenaz.... leyendas contradictorias.

(Continuará mañana).

Nota segunda del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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domingo, 23 de noviembre de 2014

'Ouija 2014'

Blog "Ataxia y atáxicos".

Hoy, con ayuda de los corsarios, proyectamos una película de reciente rodado. En el título hacen constar la anualidad del rodaje: 'Ouija 2014'. No obstante, la actualidad del film es todavía mayor de cuanto marcan tales cifras, puesto que aún no ha sido estrenado en España. El estreno en las salas de cine españolas se hará durante este próximo mes de diciembre.

He de decir, en primer lugar, que la película está subtitulada. Se supone que los corsarios le han puesto subtítulos, por carecer, de momento, de una versión doblada en nuestro idioma.

Aparte de ese atractivo de la citada novedad, aún siendo un film juvenil, tiene un componente de misterio y de terror. Por ello, no recomiendo la película, ni tampoco la dejo de recomendar... especialmente, porque podría daros un "yuyú"... y mi "no-sueldo" no da de sí para hacerme un seguro que cubra responsabilidades :-)... Para efectos bur-r-ocráticos (inserción de etiquetas), y sólo para eso, soy Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.

Nos vamos al barco que compramos a Espronceda. Izamos la bandera de la calavera. Si vinieran los de la SGAE, lanzaos todos/as al agua... A 200 metros hay un playa... Ya me entenderé yo solito con ellos: Un capitán siempre debe ser el último en abandonar el barco... Bueno, sí, lo reconozco... la auténtica razón para no irme con vosotros es no saber nadar :-)

'Ouija 2014' es una película estadounidense del año 2014. Está dirigida por Stiles White. E interpretada por Olivia Cooke, Ana Coto, Daren Kagasoff, Bianca A. Santos, Douglas Smith, Shelley Hennig, Sierra Heuermann, Sunny May Allison, Lin Shaye, Claudia Katz, Vivis Colombetti, Afra Sophia Tully, Claire Beale, e Izzie Galanti.

Sinopsis de la película: (Extracto de Filmafinity)

"Un grupo de jóvenes utiliza una Ouija para contactar con un amigo que ha fallecido recientemente. El problema llega cuando despiertan a una presencia oscura. Adaptación del juego de tablero de Hasbro".

'Ouija 2014'



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sábado, 22 de noviembre de 2014

Vamos al cine - ¡Qué verde era mi valle!

Blog "Ataxia y atáxicos".

Hoy, a través del alojamiento de "Youtube", proyectaremos en nuestro cine virtual una película "con canas" (del año 1941) y pelaje grisáceo (en blanco y negro). ¡Pero qué podéis espera de mí! Si ya sabéis que soy anticuario y anticuado :-) ... Si bien, aquí ni pincho ni corto: Viene recomendada por nuestra experta cinéfila, Cristina Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza. Y, las bebidas, palomitas de maíz, y patatas fritas, podéis cargarlas a su cuenta... como precio publicitario por haber insertado aquí su nombre :-)

Y sí, he dicho "con canas", pero también tiene "solera". Cristina no va perdida. No hace falta que el "anticuario y anticuado" elogie el valor de ciertas joyas del pasado. La película se titula '¡Que verde era mi valle!'. Y fue galardonada con 5 Oscar's en 1941.


Casi se me olvida: No os dejéis impresionar por el lujo y suntuosidad de la sala de cine y por la comodidad de sus butacas... Podéis sentiros como en vuestra propia casa... Cualquier desperfecto en el mobiliario corre de vuestra cuenta :-)

Descripción:

'¡Qué verde era mi valle!' (título original: 'How Green Was My Valleyes') es una película estadounidense del año 1914 ... con una duración de 118 minutos... Está dirigida por John Ford, a partir de una novela de Richard Llewellyn. E interpretada por Walter Pidgeon, Maureen O'Hara, Roddy McDowall, Donald Crisp, John Loder, Anna Lee, Arthur Shields, Barry Fitzgerald, y Patric Knowles.

Sipnosis: (Extractos de 'Filamaffinity').

"En un pueblo minero de Gales viven los Morgan, todos ellos mineros y orgullosos de serlo y también de respetar las tradiciones y la unidad familiar. Sin embargo, la bajada de los salarios provocará un enfrentamiento entre el padre y los hijos: porque, mientras éstos están convencidos de que la unión sindical de todos los trabajadores es la única solución para hacer frente a los patronos, el cabeza de familia, en cambio, no quiere ni siquiera oír hablar de sindicatos ni de socialismo".

'¡Qué verde era mi valle!': (Vídeo alojado en "YouTube" ... 114 minutos de duración):



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